Una gran familia
Una gran familia
Mateo Blackwood acababa de cumplir dieciocho años junto a su hermana melliza, Isabella, y su familia había organizado un exclusivo viaje en un yate inteligente de lujo para celebrarlo. Sin embargo, decir “familia” era casi un eufemismo: Mateo era el único hombre dentro de un grupo dominado por mujeres de fuerte personalidad y una belleza imposible de ignorar. Estaban su abuela, Valeria Blackwood (67); su tía Camila Ríos (45) junto a sus hijas, Sofía (24) y Daniela (22); su tía Lucía Ríos (42) y su hija, Martina (20); su tía Renata Ríos (25), la única sin hijos; y su madre, Elena Ríos de Blackwood (47), junto a sus hermanas —Adriana (28), Valentina (25) e Isabella (18), su melliza—. Ser el menor de todos y el único hombre siempre le había hecho sentir una presión difícil de explicar. Su padre, ausente en el viaje por supuestos asuntos de trabajo que todos sabían eran excusas para ocultar a su amante, había depositado sobre él expectativas que Mateo nunca quiso cargar. Antes de partir, incluso le entregó un extraño frasco de pastillas, diciéndole únicamente que debía tomarlas cuando encontrara a “la mujer indicada”.